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viernes, 1 de enero de 2021

Año revolucionario


Te deseo un año revolucionario
de esos donde te atrevas a SER antes de hacer.
Te deseo un año revolucionario,
de esos donde no consumas cosas baratas, de esas que se pagan con dinero y donde te llenes de regalos millonarios, de esos que se pagan con la mágica sonrisa de las flores, del abrazo del viento, la libertad de las montañas y el fluir del mar.
Te deseo un año revolucionario,
donde te atrevas a ser quien realmente eres y donde las apariencias no sean más importantes que las lagrimas de un perdón o de gratitud por estar vivos.
Te deseo un año revolucionario,
lleno de ti y donde te complazcas a ti mismo antes que a los demás.
Te deseo un año revolucionario,
de esos donde el traje más lujoso sea aquel llamado “Humildad” y el perfume que se aspire sea el de la tierra mojada.
Te deseo un año revolucionario.
de esos llenos de fe, creación, alegría y donde puedas ver el milagro en cada inhalación.
Te deseo un año revolucionario,
donde vueles hacia dentro de ti mismo y donde encuentres el AMOR en todo lo que te rodea.
Te deseo un año revolucionario,
de esos donde eres consciente que cada acción contribuye a un cambio y evolución de conciencia en toda la humanidad.
Te deseo un año revolucionario,
de esos donde te das cuenta que la muerte es un comienzo y que la vida puede ser un final si la vives con miedo.
Te deseo un bendecido año revolucionario que comienza y que nos da millones de oportunidades más para renacer.

I wish you a revolutionary year.
one of those where you dare to BE before doing.
I wish you a revolutionary year.
of those where you do not consume cheap things, of those that are paid with money and where you are filled with millionaire gifts, of those that are paid with the magical smile of flowers, the embrace of the wind, the freedom of the mountains and the flow of the sea.
I wish you a revolutionary year.
where you dare to be who you really are and where appearances are no more important than tears of forgiveness or gratitude for being alive.
I wish you a revolutionary year.
full of you and where you please yourself before others.
I wish you a revolutionary year.
one of those where the most luxurious costume is the one called "Humility" and the perfume that is breathed in is that of the wet earth.
I wish you a revolutionary year.
one of those full of faith, creation, joy and where you can see the miracle in each inhalation.
I wish you a revolutionary year.
where you fly into yourself and where you find LOVE in everything that surrounds you.
I wish you a revolutionary year.
one of those where you are aware that each action contributes to a change and evolution of consciousness in all humanity.
I wish you a revolutionary year.
one of those where you realize that death is a beginning and that life can be an end if you live it with fear.
I wish you a blessed revolutionary year that begins and that gives us millions of more opportunities to be reborn.

martes, 8 de diciembre de 2020

Por los caminos de John



 John Winston Lennon (1940-1980)

INVENTARIO: THE DREAM IS OVER. POR LOS CAMINOS DE JOHN
Por José Emilio Pacheco
1
Poema anónimo mexicano (octubre de 1966): "...despidamos el radiante estruendo de la música (muy pronto sonará contra nuestra nostalgia)..."
2
Diario de un joven de los sesenta: 1967, 25 de junio, domingo: "Vi el primer programa de televisión que se trasmite por satélite a todo el planeta. Los Beatles cantan 'All you need is love'. El videoteip se guardará como una cápsula del tiempo y volverá a pasar el año 2000. Si uno vive para entonces, será intolerablemente doloroso ver a los Beatles y escuchar esa canción treinta y tres años después."
3
Lennon encarna los sesenta como Scott Fitzgerald simboliza los veinte. Ambos han muerto casi a la misma edad y a la exacta distancia de cuarenta años. En una nota agregada a 'Enemies of Promise' escribió Cyril Connolly: "Sea cual fuere su situación como escritor, ahora se encuentra firmemente establecido como un mito, una versión norteamericana del Dios Agonizante, un Adonis de las letras que nació con el siglo, floreció en los veintes, en la Era del Jazz que expresa perfectamente y casi fue su creación: luego se marchitó durante los treintas para expirar —como debe morir una deidad de la primavera y el verano— el 21 de diciembre de 1940, en el solsticio de invierno y en el fin de una época."
4
El grafiti en una pared de Coyoacán durante el 68 mexicano:
"Cronopio: mezcla de Beatle y Che Guevara."
5
O el otro grafiti en una esquina del bulevar Sebastopol en el París de 1968:
"Vladimir Illitch Lennon."
6
Entre quienes cronológica y estrictamente pertenecen a su generación, a diferencia de los seguidores jóvenes de su obra, tres actitudes ante el absurdo camusiano de su muerte: Unos se quedaron fijados en los sesenta, son lamentables adolescentes de casi medio siglo y desde las primeras horas del martes se encerraron a escuchar (con el acompañamiento respectivo) los viejos discos, las antiguas cassetes hasta que se vuelvan polvo y ceniza como Lennon. Otros (el patetismo de sus rostros en la televisión) salieron a las calles para llorar por él, por su propia juventud abolida, por lo que no volverá jamás, por el mundo aplastado antes de llegar a ser, "la pérdida del reino que estaba para mí". Algunos se mostraron indiferentes: "Sí, claro, su música me gustó en mi adolescencia, cómo no. Pero en fin, ahora ya qué importa. Tengo muchas cosas en qué pensar y ya ni me acordaba. Un drogadicto, un exhibicionista. Tenía que acabar así".
7
Nadie, ni siquiera Shakespeare ni el Departamento de Estado norteamericano, hizo tanto como él por la difusión del inglés. Millones lo aprendieron en sus discos. Otros memorizaron sus letras sin saber lo que significan. Para ellos y ellas son simplemente otra forma de música, verdaderos poemas sin palabras.
8
La poesía de Lennon, indesligable de sus canciones, resulta intraducible. Sus dos libros, 'In his own write', 'A spaniard in the works', son brillantísimo popnonsense que se resiste aun a la más ingeniosa de las paráfrasis. ¿Cómo hallar equivalentes para "He bad inmigrateful from his little white slum in Barcelover", por ejemplo? Y lo mismo sucede con las letras. Así como en los dibujos que ilustran los libros hay una sorprendente influencia de James Thurber, en sus poemas la lírica beat estadounidense se esparció por la "aldea global". Pero en sus letras manejó tantos estilos como en su música. Existe una hermenéutica de Lennon, cabalistas que pretenden haber llegado al sentido último, al mensaje cifrado.
9
Uno de sus intérpretes: Charles Manson.
10
En 1944 Edmund Wilson escribió que la invención de la luz eléctrica había terminado con los cuentos de terror. En 1958 el adolescente Carlos Monsiváis dijo que el terror ya no surgía de los cementerios sino brotaba de las noticias. En 1967, el año cumbre de los Beatles, el momento en que el rock llegó a la apoteosis no alcanzada antes ni igualada después con el elepé 'Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band', Ira Levin, un joven novelista sin mayores pretensiones literarias, descubrió en la modernización diabolizante y preapocalíptica del viejo terror una mina que sigue hasta nuestros días llenando de oro a los mercaderes. Levin escribió una novela, Rosemary's Baby. Transcurre en el edificio "Bramford". Todos los neoyorquinos identificaron el "Bramford" con el "Dakota" frente a Central Park. Contratado para filmar la película que se llamó en español La semilla del diablo, Roman Polansky la rodó en el "Dakota".
11
Como Mark Chapman —que tenía 13 años en 1968 y nació en 1955 durante el apogeo de Elvis Presley— Charles Manson pretendió ser estrella del rock. Al fracasar quiso convertirse en algo más, en Anticristo del popapocalipsis y creyó que los Beatles le transmitían mensajes en clave. Los cuatro ángeles de rostro de hombre y cabellos de mujer de que habla San Juan eran los Beatles; el fuego, humo y azufre que salía de sus bocas, sus canciones; sus corazas de hierro, sus guitarras. "Y fueron desatados los cuatro ángeles que estaban preparados para la hora, día, mes y año, a fin de matar a la tercera parte de los hombres". Es decir, interpretó Manson, a los blancos.
En 'White album'. el disco que los Beatles publicaron en diciembre de 1968, Manson creyó ver una orden dirigida personalmente a él, sobre todo canciones como "Sexy Sadie", "Blackbird", "Piggies", "Revolution" (1 y 9) y "Helter Skelter". Como se recordará, esta última expresión idiomática que puede traducirse "con prisa desordenada" o tal vez con el lacónico mexicanismo "relajo", fue escrita con sangre en las paredes de la casa de Sharon Tate, la esposa de Polanski, a manera de rúbrica de la espantosa matanza. Al día siguiente de la llegada a la Luna, el sueño empezaba a agriarse con un crimen atroz en que no tienen culpa los Beatles en general ni Lennon en particular. Sin embargo, un novelista terrorífico difícilmente habría ideado simetrías más escalofriantes entre el asesinato de agosto de 1969 y el de diciembre de 1980. En el centro del drama se yergue, más ominoso aun que en la película de Polanski, el sombrío edificio "Dakota".
12
Nadie es excepción de nada. Todos estamos en peligro de todo.
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"Sociedad del espectáculo". La religión electrónica e impresa erige dioses fugaces hechos de ondas y de papel. Nos fascinan y a la vez nos oprimen: nos exaltan y humillan; compensan nuestras infinitas frustraciones y las ahondan. Qué tragedia no tener el cuerpo de Bo Derek o la cara de Robert Redford o el talento incomparable, el aura mágica, los millones y millones de John Lennon (quien por su inmensa fortuna califica entre "the mighty British" en la nomenclatura de Town and Country). Tanto brillo, tanto éxito, tanto dinero, tanta fama representan una invitación constante a la locura del antihéroe, nuestro contemporáneo; a la paranoia del iconoclasta en el sentido original del término. Diabolismo del pobrediablismo: Si no puedo hacer, destruyo. Si no puedo ser, hago que otro deje de ser. Así me vuelvo más fuerte que los fuertes. Gracias a la democratización de la pistola, soy como Dios: tengo poderes de vida y muerte. Eróstrato, grabo mi nombre en la historia; o al menos soy famoso —soy como ellos, soy uno de ellos— durante quince minutos. No hay muralla, no hay guardias que puedan contra mí, contra Abbadón, el ángel exterminador, el ángel de la muerte. 'Apocalypse now', 'Helter Skelter'. Quemo lo que he adorado. Al inmolarlo me inmolo en su hoguera. Me enciende su gloria. Ahora ya nadie podrá separar mi nombre del suyo.
14
Poema anónimo mexicano (agosto de 1970). The dream is over: "Se acabó el elepé. / Hoy recomienza/ la pesadilla de la historia."
***
'Proceso', No. 215, 15 de diciembre de 1980.

lunes, 25 de julio de 2016

Juan Villoro: voz de una generación

Juan Villoro le pone voz a sus pasiones. El rocanrol y el fútbol son temas recurrentes en su obra. Formal cuando lo amerita pero desenfadado, divertido y actual, es sin duda voz de toda una generación. Aquí este video:

martes, 19 de abril de 2016

The Best Blog



Gracias a elsilenciodelibro.blogspot.com.es por la nominación a este singular premio. Que un lector que escribe o un escritor que lee (que para el caso es lo mismo) te considere digno de un premio es todo un honor. 

Así que correspondiendo al honor,  mis respuestas a las 11 respuestas y mis nominaciones:


1 ¿Cuál es la peor canción de vuestras vidas?



Aunque la mente es muy sabia y únicamente recuerda lo bueno, si le rascas un poco sale aquello que esconde sabe dios donde. Obladi Oblada de los Beatles. Y eso que soy beatlemano... ¿cómo es que a McCartney se le ocurrió semejante cosa? Y el cover en español... terrible: "obladi oblada la medallaaaaaa..."

2 Si os dan a elegir entre pizza, hamburguesa o perrito caliente, ¿cuál te comerías?

Pues la pizza... que remedio.

3 Escoge una de las tres opciones: casete, disco o un cd:

Un disco. Esas tortillas de vinyl llenas de surcos que con la pura presión de una aguja te llenan de música y te sacan todas las emociones.

4 La peor historia jamás contada fue…

... La historia interminable, contada por mi compañero de banca, en la preparatoria.

5 Da igual que sea de una “peli” o de un libro, ¿El más malo entre los malos es…?

Si empecé a leer un libro malo seguramente lo dejé. ¿Película? cualquiera de la saga de Crepúsculo.

6 ¿A qué princesa Disney odiáis más?

A ninguna. He aprendido a vivir con ellas.

7 ¿Pensáis que el vino es capaz de quitar cualquier tipo de complejo?

¡Hoy es espléndido el espacio!
Sin freno ni espuelas ni brida
Partamos a lomos del vino
Hacia un cielo divino y mágico.


8 En cuanto a las patatas fritas las queréis ¿en bolsa o de sartén?

En sartén, como las de mi abuela.

9 Y ahora una pregunta clásica ¿de mayor te gustaría ser?

No lo sé... probablemente Blogger.

10 Tu pareja de ficción favorita es…

... Kate Hudson, en Almost famous

11 Tú canción favorita para escuchar durante toda la eternidad ¿cuál sería?

Paradojicamente mi canción para toda la eternidad cambia de cuando en cuando. Hoy en día es "You can`t always get what you want" de los Rolling Stones

Mis Nominados



http://memoriasdeunajovensolitaria.blogspot.mx/

http://descubriendolostesoros.blogspot.mx/
http://letrasdevanegarcia.blogspot.mx/
http://misnochesentrelibros.blogspot.mx/
http://scriptoriumdelascinco.blogspot.mx/
http://joseurriola.blogspot.mx/
http://milveintitreshistoriasporcontar.blogspot.mx/
http://www.andaryver.mx/
http://elescritoriodelbuho.blogspot.mx/
http://larevoluciondeloslibros.blogspot.mx/

Y por favor, nominados, contesten:


1. ¿Cuál es tu libro favorito?

2. ¿Qué te llevo a ser blogger? ¿Fama? ¿dinero? o ¿es un acto catártico?
3. ¿Que prefieres, la poesía en verso o en prosa?
4. ¿Tu poeta favorito?
5. Tu amor platónico, el que sacarías de tu novela favorita.
6. Tu escritor favorito vivo... ¿y muerto?
7. ¿Cuál es tu canción favorita?
8. El blog que admiras (envidias) y al que le copiarías todo si pudieras
9. Contesta cierto o falso. Las matemáticas y la literatura no se llevan, son mundos distintos y distantes.
10. Contesta cierto o falso. Tengo más libros que discos en mi iTunes
11. ¿Qué prefieres, Twitter o Facebook?






martes, 12 de abril de 2016

Clases para abrir los ojos - Juan Villoro

Vi por primera vez a Enrique González Rojo a mediados de los años setenta, en el Palacio de Bellas Artes. En la oscura cavidad del teatro, observé con detenimiento al poeta: un hombre elegante, con la barba canónica del sabio, concentrado en la música que, a todas luces, comprendía mejor que yo. Sabía de su militancia en la izquierda y me sorprendió su sofisticado aspecto de hombre de mundo.

Tiempo después lo encontré en un escenario distinto: un aula de la UAM-Iztapalapa. Corría 1976 y nuestra Universidad tenía el aire esperanzador de lo que apenas comienza. Sobraban salones y faltaban alumnos.

También en clase, González Rojo vestía como conocedor de ópera: traje, chaleco y corbata. Nos saludó con una sonrisa cordialísima y empezó a hablar de las corrientes del pensamiento. El poeta de Para deletrear el infinito era además un pensador de impecable rigor expositivo. Desde la clase inicial, tuvimos el raro privilegio de asistir a un hechizo educativo. No había forma de ignorar una palabra de ese impecable tejido verbal.

González Rojo nos reveló las tres condiciones indiscutibles del gran maestro. La primera consistía en moverse con solvencia en su campo. Su cátedra era precisa, informativa; se sustentaba en una cuidada urdimbre de citas y datos positivos.

El segundo registro, más difícil de practicar, dependía de la destreza expositiva. La pedagogía tiene algo de dramaturgia. Sin el menor exceso histriónico, como quien conversa en una tertulia, el maestro se adentraba en los temas más abstrusos del pensamiento, haciéndolos no sólo comprensibles sino apasionantes. Hubo ocasiones en que aplaudimos en clase, entregados a ese espectáculo de la inteligencia en que González Rojo daba voz a Kant, Hegel, Fourier y Marx.

La tercera cualidad era su interpretación personal de las ideas. Estábamos ante un divulgador ejemplar, que dotaba de inusitada claridad a las antinomias kantianas, pero también ante un intelectual que analizaba por cuenta propia.

La interpretación depende de la subjetividad; resulta imposible estar de acuerdo en todo. González Rojo nos enseñó los favores de la discrepancia. Cuando un alumno no estaba de acuerdo con él, lo escuchaba sin dejar de sonreír, alentándolo a mejorar su crítica. Sus ideas eran radicales en el sentido etimológico del término (iban a la raíz del asunto); hablaba con emoción de la última "tesis sobre Feuerbach" de Karl Marx ("Los filósofos no han hecho sino interpretar el mundo, lo que hace falta es transformarlo"), convencido de la misión emancipadora del pensamiento.

Sus clases fueron sede de la rebeldía y la tolerancia. El método de sus cursos fue más relevante que el temario: aprendimos a pensar.

El pasado 30 de marzo, el poeta y filósofo recibió el doctorado honoris causa de la UAM. Fue saludado con una ovación que resumía los afectos cosechados en décadas de militancia, magisterio y literatura. Más significativa aún fue la ovación que siguió a sus palabras.

González Rojo reflexionó sobre el sentido profundo de la docencia. Como hace cuarenta años, saqué mi libreta y tomé apuntes. El autor de Salir del laberinto criticó la reforma educativa del gobierno de Peña Nieto como un simple ajuste laboral y reivindicó la educación como un proceso que atañe al individuo y a la comunidad. ¿A quién se dirige la función docente? El cometido principal del conocimiento es crear ciudadanos críticos y libres.

En tiempos que privilegian las ciencias y las tecnologías como instrumentos del mercado, destacó la relevancia de las humanidades, donde el catedrático no es un dueño de la verdad, sino un incitador a que los otros piensen. Toda enseñanza genuina es autoaprendizaje.

Mientras lo oíamos, una paradoja cristalizaba en el ambiente. El virtuoso de la argumentación pedía que los demás se expresaran a su modo. Facultado para guiarnos, invitaba a pensar y discrepar.

En su extenso poema Empédocles, González Rojo narra cómo el filósofo enseñó a su discípulo Pausanias a no temerle a los resplandores: "Déjame poner las manos en tus ojos/ para que la luz,/ y su extranjería de ultratumba,/ no los cohíba". El gran maestro no se limita a mostrar lo que ve, permite que el alumno abra los ojos.


El más reciente doctor honoris causa de la UAM ha dedicado su vida a esa insustituible hazaña.

martes, 5 de enero de 2016

Me topé con su fantasma

Para nadie es un secreto: Me topé con su fantasma. Se me nota al hablar, al discutir, al dialogar. Mis palabras pueden sonar a lo mismo, pero tienen otro sentido, provienen de otro lugar.

Y es que he comprendido que no basta con llevarlo en la playera o en la gorra, donde desgraciadamente hoy descansa su mito. No basta con consumirlo. Por el contrario, hay que llevarlo en la voluntad inquebrantable, en el espiritu indomable, en la indignación por la injusticia. Hay que aprenderle su amor a la lectura, al conocimiento al servicio de todos, a la poesía, a la literatura. Hay que seguir su ejemplo de respeto al género humano y su conciencia clara de igualdad entre los hombres.

En una época carente de valores y de ideas, donde la política se vuelve la práctica de sublimar los intereses propios a costa de los estados y de enriquecer los bolsillos a costa de los pueblos, no está de más recurrir a su carácter sobrio y desinteresado. En una época donde el poder no se ejerce con dignidad e inteligencia, sino con atropellos y abusos, no está de más recurrir a su irreverencia, a su revolución.

Cuando lo que nos falta son ideales y lo que nos sobra son desencantos, hay que recuperarlo en todos los sentidos, con su estilo desenfadado y su carácter romántico, vagabundo, idealista, aventurero e igualitario.

Me topé con su fantasma porque, desde la loca parafernalia de la sociedad industrial, nos vigila. Porque más allá de toda parafernalia retorna y en era de naufragios es nuestro santo laico. Porque casi cuarenta años después de su muerte, su imagen cruza generaciones y su mito pasa correteando en medio de los delirios de grandeza del neoliberalismo. Irreverente, burlón, terco, moralmente terco, inolvidable.

Me topé con su fantasma. Con el fantasma del Che.


Hasta la victoria siempre.

martes, 15 de septiembre de 2015

El país de uno - Denisse Dresser

Este artículo es de 2004, pero siempre suena vigente. Para estos días aciagos por los que pasa el país, un lugar para amontonar el optimismo:

MÉXICO
Alguna  vez, el periodista Julio Scherer García le pidió a Ernesto Zedillo  que le  hablara de su amor por  México.  Le sugirió que hablara del arte, de la geografía, de la historia  del  país. De sus montañas y sus valles y sus volcanes y sus héroes y sus tardes soleadas. El ex Presidente no supo qué  contestar. Hoy  es probable que muchos mexicanos tampoco sepan cómo hacerlo.  Hoy el pesimismo recorre al país e infecta a  quienes entran en contacto con  él. México vive obsesionado con el fracaso. Con la victimización. Con todo lo  que pudo ser pero no fue. Con lo perdido, lo olvidado, lo   maltratado. México padece lo que Jorge  Domínguez, en un artículo en Foreign Affairs,  bautizó como la "fracasomanía": el pesimismo persistente ante una realidad que parece inamovible. La corrupción no puede ser combatida; los políticos no pueden ser propositivos;  la sociedad no puede ser movilizada;  la población no puede ser   educada; los  buenos siempre sucumben; los reformadores siempre pierden. La luz al final del túnel sólo ilumina el tren a punto de arrollar a quienes no pueden eludir  su   paso. El país siempre pierde. Los mexicanos siempre se tiran al vacío desde el  Castillo de Chapultepec y no logran salir de allí. Por ello es mejor callar.  Es mejor ignorar. Es mejor emigrar.

En México, como diría Elías  Canetti, los pesimistas son superfluos y 2004 de muestra por qué. Éste es el año de los videoescándalos y la videoviolencia. De los maletines llenos y  las  reformas inexistentes. De los priístas robustecidos y los panistas divididos.  De las primeras damas que quieren el poder y de las  mujeres que abusan de él.  Del sabotaje a Andrés Manuel López Obrador y  del  autosabotaje a sí mismo. De la sucesión adelantada y la política paralizada. De desafueros amenazantes y  consortes que también lo  son. Éste es el año de marchas que no van a ningún lado y de presidentes  que  tampoco lo hacen.

Vicente Fox se encoge en Los Pinos  mientras Marta Sahagún no quiere que  la  saquen jamás de allí. El Niño  Verde  negocia un soborno mientras su partido vive de ellos. René Bejarano carga  maletines mientras Carlos  Ahumada los llena. El embajador ante la OCDE compra colchones y el erario  los  paga. Dos policías arden en  Tláhuac mientras Marcelo  Ebrard decide qué no hacer. Roberto Madrazo se  apropia del PRI mientras su  partido se lo permite. Crónica de catástrofes; crónica de corruptelas; crónica  de personajes demasiado pequeños para el país que  habitan.

El país de las contradicciones permanentes. El país de las máscaras que  ocultan y las caras que sonríen. El  país que produce a Marta Sahagún pero también a Marta Lamas. Que produce   a  Fátima Mena pero también a  Fátima Fernández Christlieb. Que produce a Manlio Fabio Beltrones pero también a Rossana Fuentes Beráin. Que produce a José  Murat pero también a María Rojo. Que produce a René  Bejarano pero también a  Julieta Fierro. Que produce a Roberto Madrazo pero también a Ricardo  Legorreta.

Que produce a Jorge Hank Rhon pero también a Jorge Volpi. Por cada  tache hay una paloma. Cien palomas. Miles. Frente a todos los motivos para  cerrar los ojos están todos los motivos  para   abrirlos. Frente a las razones  para perder la fe están todas las razones para recuperarla. Los murales  de   Diego Rivera. Las   enchiladas suizas de Sanborn's. Las mariposas en Michoacán.  El cine de Alfonso Cuarón. El valor de  Sergio Aguayo. Los huevos rancheros y  los chilaquiles con pollo. La sonrisa  de Carmen Aristegui. La medalla   de Ana  Gabriela Guevara. El mole negro de Oaxaca. Los libros de Elena  Poniatowska. La  inteligencia de  Lorenzo Meyer. Los tacos al pastor con salsa y cilantro. El  humor de Carlos  Monsiváis. El mar en  Punta Mita. Las canciones de Julieta  Venegas. La poesía de Efraín Huerta.

El Espacio Escultórico al amanecer.  Cualquier Zócalo cualquier domingo. La forma en que los mexicanos se  besan y se saludan y se dicen "buenas  tardes" al subirse al elevador. Las   fiestas ruidosas los sábados por la tarde. La casa de Luis Barragán.

Los amigos que siempre tienen tiempo para tomarse un tequila. La decencia de  Germán Dehesa. Los picos coloridos  de las piñatas. Las casas de Manuel Parra.  Las bugambilias y los alcatraces y los magueyes. Las  caricaturas de Naranjo y  los cartones de Calderón. El helado de guanábana. La talavera de Puebla. Las fotografías de Graciela Iturbide. Los mangos con chile parados en un palo de madera. Las comidas  largas y las palmeras frondosas. La pluma de Jesús Silva-Herzog Márquez. Las mujeres del grupo Semillas  y las  mujeres que luchan  por otras en Juárez.

Cada persona tendrá su propia  lista, su propio pedazo del país colgado del corazón. Una lista larga, rica, colorida, voluptuosa, fragante. Una lista que debe comenzar con las palabras  de la chef Marta Ortiz  Chapa: "Siempre me gustó ser mexicana". Una lista con la cual contener  el  pesimismo; un antídoto ante la  apatía; una vacuna contra  la desilusión. Una lista de lo mejor de México. Una lista para despertarse en  las mañanas. Una lista de Año Nuevo. Una lista para pelear contra lo que Susan Sontag llamó "la complicidad con el desastre".

Porque el credo de los pesimistas  produce la parálisis. Engendra el cinismo. Permite que hombres como Manlio  Fabio Beltrones promuevan el juicio político contra los jueces  de la Suprema  Corte y  nadie se lo impida. Permite que los partidos vivan del presupuesto público  sin cumplir con la función  pública. Permite que los legisladores no  actúen como tales. Permite la   persistencia del status quo. El pesimismo es el  juego seguro de quienes no quieren perder los privilegios que gozan, los  puestos que ocupan, las posiciones que cuidan. El pesimismo es la cobija confortable  de los que no mueven un dedo  debajo de ella. Es el lujo de los que rentan el carro pero no se sienten dueños de él.

Y  durante demasiado tiempo, México ha sido un país rentado para sus  habitantes.  Ha pertenecido a sus líderes religiosos y a sus tlatoanis tribales y a sus colonizadores y a  sus  liberales y a sus conservadores   y a sus dictadores y a  sus priistas y a sus presidentes imperiales y a  su inteligencia y a sus partidos y a sus élites. No ha pertenecido a sus ciudadanos. Por eso pocos lo cuidan. Pocos lo sacuden. Pocos lo aspiran. Pocos lo lavan. Pocos lo enceran. Pocos piensan que es suyo. Pocos lo tratan como si lo fuera. Porque como dice Larry Summers, el presidente de la Universidad de Harvard, nadie nunca  ha  lavado un carro rentado.

Pero quienes saben que el país es  suyo no viven con el lujo del descuido. Quienes han vivido años fuera de México saben lo que es andar con el corazón apretado. Lo que es caminar  a   pasos de pequeñas nostalgias y  grandes recuerdos. Lo que es extrañar el olor y el sabor y la bulla y la luz. Lo que es querer tanto a un país que uno siente la imperiosa necesidad de regresar y salvarlo de sí  mismo. Lo que es vivir  pensando -de manera cotidiana- que los gobernados pueden y deben vigilar  a  quienes gobiernan. Que los partidos políticos pueden y deben reducir la violencia social y pavimentar la ruta democrática. Que la oposición puede y  debe redefinir los términos del debate público.

Que la clase política entera puede y debe fomentar la conexión entre la democracia y los ciudadanos. Que no  es  demasiado pedir. Las soluciones están allí para ser instrumentadas. Las recetas están allí  para ser aplicadas. Las reformas están  allí para ser ejecutadas. Abarcan la reelección de los legisladores y la  reforma política y la reforma fiscal y los juicios orales y la reforma a la  Ley de Medios y la apertura de la televisión y la competencia en las  telecomunicaciones y la lucha contra la violencia doméstica, entre muchas  otras.

Tanto por hacer; tanto por cambiar; tantos sitios donde amontonar el  optimismo. El optimismo de la voluntad frente al pesimismo de la inteligencia.  El optimismo de quienes creen que las cosas en México están tan mal que sólo pueden mejorar. El optimismo perpetuo que se convierte en  multiplicador.


En El paciente inglés, Katherine murmura: "nosotros somos los verdaderos países, no los límites marcados en los  mapas, no los nombres de los hombres poderosos". México no es el país de  Andrés Manuel López Obrador o Santiago Creel o Roberto Madrazo. No es el país de los congresistas o los gobernadores o  los burócratas o los líderes  sindicales. Es el país de uno. El país nuestro. En el 2005 y  siempre. 

martes, 26 de mayo de 2015

Las matemáticas y el sexo

Las matemáticas son tan inherentes a los seres humanos como el sexo. Nos llevan a los límites de la evolución y trascienden cualquier cultura. Esta interesante conferencia lo explica a la perfección:

martes, 7 de abril de 2015

Folklore, no cultura

Dice Pablo Gonzalez Casanova que la verdadera democracia implica que todos los ciudadanos participen de manera equitativa de los ingresos, la cultura y el poder. Si no es así no es democracia, es puro folklore democrático.

Las cifras de pobreza y los privilegios de la clase política dejan claro que los ciudadanos no asisten a la fiesta de los dos primeros pero, ¿qué pasa con la cultura? ¿participan los ciudadanos de ella? ¿existen políticas públicas al respecto? ¿representa la cultura un negocio? En lo sucesivo responderemos a estas interrogantes.

Aparentemente cultura y política son dos esferas que no tienen punto de intersección, que pertenecen a mundos totalmente diferentes. Sin embargo, es deber del Estado promover el acceso a la cultura, garantizar el derecho de los ciudadanos y fomentar la participación activa en ella. Acaso la controversia radica en el cómo debe intervenir el Estado en el ámbito cultural, cuáles son sus deberes, cuáles sus límites, cuáles sus estrategias. Según palabras de Mounir Bouchenaki (responsable del sector cultura de la UNESCO), ante la privatización creciente de la vida científica, social y cultural, se debe proteger y reforzar el carácter de bienes públicos de la educación, la cultura y la ciencia. Es imprescindible en esta mecánica que el Estado respete la expresión y la diversidad cultural. Es deber del Estado impulsar el arte y la cultura, no crear. Siempre la política pública debe buscar estimular, contribuir al florecimiento de las artes, de la creatividad y de la libertad de expresión de cada individuo y de cada cultura.


Y es que más allá del aspecto filosófico del desarrollo humano, los conceptos axiológicos y el factor de cohesión social que representa, la cultura es un motor económico importante: la industria creció más que ninguna, según datos de la UNESCO, de 1980 a 1998 pasando de 47,500 millones a 174,000 millones de dólares, lo que significa un incremento en la participación del PIB de EUA de 3.65% a 7.0%. Mediciones similares para Europa indican un incremento en la participación del producto interno de 4.5% a 5.5% y para los países miembros del MERCOSUR una participación promedio de 3.8% en sus respectivos productos internos. Recientemente en México se desarrolló una metodología similar de medición que indica que la industria representa el 6.67% del PIB y el 5.40% del PNB. De igual manera, según esta métrica, la industria de la cultura empleaba en 1998 al 3.65% de la Población Económicamente Activa, 24 puntos porcentuales más que en 1988.

sábado, 4 de abril de 2015

Percebes o lechugas o taburetes

El titular no podía ser más triste para quienes pasamos ratos magníficos en esos establecimientos: “Cada día cierran dos librerías en España”. El reportaje de Winston Manrique incrementaba la desolación: en 2014 se abrieron 226, pero se cerraron 912, sobre todo de pequeño y mediano tamaño. Las ventas han descendido un 18% en tres años, pasándose de una facturación global de 870 millones a una de 707. La primera reacción, optimista por necesidad, es pensar que bueno, que quizá la gente compra los libros en las grandes superficies, o en formato electrónico, aunque aquí ya sabemos que los españoles son adictos a la piratería, es decir, al robo. Nadie que piratee contenidos culturales debería tener derecho a indignarse ni escandalizarse por el latrocinio a gran escala de políticos y empresarios. “¡Chorizos de mierda!”, exclaman muchos individuos al leer o ver las noticias, mientras con un dedo hacen clic para choricear su serie favorita, o una película, o una canción, o una novela. “Quiero leerla sin pagar un céntimo”, se dicen. O a veces ni eso: “Quiero tenerla, aunque no vaya a leerla; quiero tenerla sin soltar una perra: la cultura debería ser gratis”.
Pero el reportaje recordaba otro dato: el 55% no lee nunca o sólo a veces. Y un buen porcentaje de esa gente no buscaba pretextos (“Me falta tiempo”), sino que admitía con desparpajo: “No me gusta o no me interesa”. Alguien a quien no le gusta o no le interesa leer es alguien, por fuerza, a quien le trae sin cuidado saber por qué está en el mundo y por qué diablos hay mundo; por qué hay algo en vez de nada, que sería lo más lógico y sencillo; qué ha pasado en la tierra antes de que él llegara y qué puede pasar tras su desaparición; cómo es que él ha nacido mientras tantos otros no lo hicieron o se malograron antes de poder leer nada; por qué, si vive, ha de morir algún día; qué han creído los hombres que puede haber tras la muerte, si es que hay algo; cómo se formó el universo y por qué la raza humana ha perdurado pese a las guerras, hambrunas y plagas; por qué pensamos, por qué sentimos y somos capaces de analizar y describir esos sentimientos, en vez de limitarnos a experimentarlos.
A ese individuo no le provoca la menor curiosidad que exista el lenguaje y haya alcanzado una precisión y una sutileza tan extraordinarias como para poder nombrarlo todo, desde la pieza más minúscula de un instrumento hasta el más volátil estado de ánimo; tampoco que haya innumerables lenguas en lugar de una sola, común a todos, como sería también lo más lógico y sencillo; no le importa en absoluto la historia, es decir, por qué las cosas y los países son como son y no de otro modo; ni la ciencia, ni los descubrimientos, ni las exploraciones y la infinita variedad del planeta; no le interesa la geografía, ni siquiera saber dónde está cada continente; si es creyente, le trae al fresco enterarse de por qué cree en el dios en que cree, o por qué obedece determinadas leyes y mandamientos, y no otros distintos. Es un primitivo en todos los sentidos de la palabra: acepta estar en el mundo que le ha tocado en suerte como un animal –tipo gallina–, y pasar por la tierra como un leño, sin intentar comprender nada de nada. Come, juega y folla si puede, más o menos es todo.
Tal vez haya hoy muchas personas que crean que cualquier cosa la averiguarán en Internet, que ahí están los datos. Pero “ahí” están equivocados a menudo, y además sólo suele haber eso, datos someros y superficiales. Es en los libros donde los misterios se cuentan, se muestran, se explican en la medida de lo posible, donde uno los ve desarrollarse e iluminarse, se trate de un hallazgo científico, del curso de una batalla o de las especulaciones de las mentes más sabias. Es en ellos donde uno encuentra la prosa y el verso más elevados y perfeccionados, son ellos los que ayudan a comprender, o a vislumbrar lo incomprensible. Son los que permiten vivir lo que está sepultado por siglos, como La caída de Constantinopla 1453 del historiador Steven Runciman, que nos hace seguir con apasionamiento y zozobra unos hechos cuyo final ya conocemos y que además no nos conciernen. Y son los que nos dan a conocer no sólo lo que ha sucedido, sino también lo que no, que con frecuencia se nos aparece como más vívido y verdadero que lo acaecido. Al que no le gusta o interesa leer jamás le llegará la emoción de enfrascarse en El Conde de Montecristo o en Historia de dos ciudades, por mencionar dos obras que no serán las mejores, pero se cuentan entre las más absorbentes desde hace más de siglo y medio. Tampoco sabrá qué pensaron y dijeron Montaigne y Shakespeare, Platón y Proust, Eliot, Rilke y tantos otros. No sentirá ninguna curiosidad por tantos acontecimientos que la provocan en cuanto uno se entera de ellos, como los relatados por Simon Leys en Los náufragos del “Batavia”, allá en el lejanísimo 1629. De hecho ignora que casi todo resulta interesante y aun hipnotizante, cuando se sumerge uno en las páginas afortunadas. Es sorprendente –y también muy deprimente– que un 55% de nuestros compatriotas estén dispuestos a pasar por la vida como si fueran percebes; o quizá ni eso: una lechuga; o ni siquiera: un taburete.

Por Javier Marías


Tomado de elpaissemanal@elpais.es 

domingo, 8 de diciembre de 2013

Los Beatles según Gabo

Ha sido una victoria mundial de la poesía. En un siglo en que los vencedores son siempre los que pegan más fuerte, los que sacan más votos, los que meten más goles, los hombres más ricos y las mujeres más bellas, es alentadora la conmoción que ha causado en el mundo entero la muerte de un hombre que no había hecho nada más que cantarle al amor. Es la apoteosis de los que nunca ganan.
Durante 48 horas no se habló de otra cosa. Tres generaciones —la nuestra, la de nuestros hijos y la de nuestros nietos mayores— teníamos por primera vez la impresión de estar viviendo una catástrofe común, y por las mismas razones. Los reporteros de la televisión le preguntaron en la calle a una señora de 80 años cuál era la canción de John Lennon que le gustaba más, y ella contestó como si tuviera quince: La felicidad es una pistola caliente. Un chico que estaba viendo el programa dijo: “A mí me gustan todas”. Mi hijo menor le preguntó a una muchacha de su misma edad por qué habían matado a John Lennon, y ella le contestó como si tuviera ochenta años: “Porque el mundo se está acabando”.
Así es: la única nostalgia común que uno tiene con sus hijos son las canciones de los Beatles. Cada quien por motivos distintos, desde luego, y con un dolor distinto, como ocurre siempre con la poesía. Yo no olvidaré nunca aquel día memorable de 1963, en México, cuando oí por primera vez de un modo consciente una canción de los Beatles. A partir de entonces, descubrí que el universo estaba contaminado por ellos. En nuestra casa de San Ángel, donde apenas si teníamos dónde sentarnos, había sólo dos discos: una selección de preludios de Debussy, y el primer disco de los Beatles. Por toda la ciudad, a toda hora, se escuchaba un grito de muchedumbres: Help, I need somebody. Alguien volvió a plantear por esa época el viejo tema de que los músicos mejores son los de la segunda letra del catálogo: Bach, Beethoven, Brahms y Bartok. Alguien volvió a decir la misma tontería de siempre: que se incluyera a Bosart. Álvaro Mutis, que como todo gran erudito de la música tiene una debilidad irremediable por los ladrillos sinfónicos, insistía en incluir a Bucker. Otro trataba de repetir otra vez la batalla a favor de Berliotz, que yo libraba en contra porque no podía superar la superstición de que es un oiseau de Malheur, es decir, un pájaro de mal agüero. En cambio, me empeñé desde entonces en incluir a los Beatles. Emilio García Riera, que estaba de acuerdo conmigo, y que es un crítico e historiador de cine con una lucidez un poco sobrenatural, sobre todo después del segundo trago, me dijo por esos días: “Oigo a los Beatles con un cierto miedo, porque siento que me voy a acordar de ellos por todo el resto de mi vida”. Es el único caso que conozco de alguien con bastante clarividencia para darse cuenta de que estaba viviendo el nacimiento de sus nostalgias. Uno entraba entonces en el estudio de Carlos Fuentes, y lo encontraba escribiendo a máquina con un solo dedo de una sola mano, como lo ha hecho siempre, en medio de una densa nube de humo y aislado de los horrores del universo con la música de los Beatles a todo volumen.
Como sucede siempre, pensábamos entonces que estábamos muy lejos de ser felices, y ahora pensamos lo contrario. Es la trampa de la nostalgia, que quita de su lugar a los momentos amargos y los pinta de otro color. Y los vuelve a poner donde ya no duelen. Como en los retratos antiguos, que parecen iluminados por el resplandor ilusorio de la felicidad, y en donde sólo vemos con asombro cómo éramos de jóvenes cuando éramos jóvenes, y no sólo los que estábamos allí, sino también la casa y los árboles del fondo, y hasta las sillas en que estábamos sentados. El Che Guevara, conversando con sus hombres alrededor del fuego en las noches vacías de la guerra, dijo alguna vez que la nostalgia empieza por la comida. Es cierto, pero sólo cuando se tiene hambre. En cambio, siempre empieza por la música. En realidad, nuestro pasado personal se aleja de nosotros desde el momento en que nacemos, pero sólo lo sentimos pasar cuando se acaba un disco.
Esta tarde, pensando todo esto frente a una ventana lúgubre donde cae la nieve, con más de cincuenta años encima y todavía sin saber muy bien quién soy, ni qué carajos hago aquí, tengo la impresión de que el mundo fue igual desde mi nacimiento hasta que los Beatles empezaron a cantar. Todo cambió entonces. Los hombres se dejaron crecer el cabello y la barba, las mujeres aprendieron a desnudarse con naturalidad, cambió el modo de vestir y de amar, y se inició la liberación del sexo y de otras drogas para soñar. Fueron los años fragorosos de la guerra de Vietnam y la rebelión universitaria. Pero sobre todo, fue el duro aprendizaje de una relación distinta entre los padres y los hijos, el principio de un nuevo diálogo entre ellos que había parecido imposible durante siglos.
El símbolo de todo esto —al frente de los Beatles— era John Lennon. Su muerte absurda nos deja un mundo distinto cargado de imágenes hermosas. En Lucy in the sky, una de sus canciones más bellas, queda un caballo de papel periódico con una corbata de espejos. En Eleanor Rigby —con un bajo obstinado de chelos barrocos— queda una muchacha desolada que recoge el arroz en el atrio de una iglesia donde acaba de celebrarse una boda. “¿ De dónde vienen los solitarios?”, se pregunta sin respuesta. Queda también el padre MacKensey escribiendo un sermón que nadie ha de oír, lavándose las manos sobre las tumbas, y una muchacha que se quita el rostro antes de entrar en su casa y lo deja en un frasco junto a la puerta para ponérselo otra vez cuando vuelva a salir. Estas criaturas han hecho decir que John Lennon era un surrealista, que es algo que se dice con demasiada facilidad con todo lo que parece raro, como suelen decirlo de Kafka quienes no lo han sabido leer.

Para otros es el visionario de un mundo mejor. Alguien que nos hizo comprender que los viejos no somos los que tenemos muchos años, sino los que no se subieron a tiempo en el tren de sus hijos.

domingo, 20 de mayo de 2012

Guía del autoestopista galáctico - Douglas Adams





En los remotos e inexplorados confines del arcaico extremo occidental de la espiral de la Galaxia, brilla un pequeño y despreciable sol amarillento.

En su órbita, a una distancia de ciento ciencuenta millones de kilómetros, gira un pequeño planeta totalmente insignificante de color azul verdoso cuyos pobladores, descendientes de los simios, son tan asombrosamente primitivos que aún creen que los relojes de lectura directa son de muy buen gusto.

Este planeta tiene, o mejor dicho, tenía el problema siguiente: la mayoría de sus habitantes eran infelices durante casi todo el tiempo. Muchas soluciones se sugirieron a tal problema, pero la mayor parte de ellas se referían principalmente a los movimientos de pequeños trozos de papel verde; cosa estraña, ya que los pequeños trozos de papel verde no eran precisamente los que se sentían infelices...

... Así empieza la novela que salió a la luz como una novela radiofónica en Inglaterra  y que se atribuye al genio de Douglas Adams. Con un humor que excede los confines de la galaxia, Adams nos cuenta cómo a pesar de los avisos de los seres más inteligentes sobre la Tierra, el ser humano y su infinita negligencia ven ante sus ojos el fin de los tiempos. Sólo algunos afortunados viven para contarlo. En un universo tan infinito como burocrático, con un presidente galáctico bicéfalo (y paradójicamente más egocéntrico e ignorante que cualquiera sobre la desaparecida tierra), Arthur Dent y su amigo Ford Prefect se las ingenian para vivir de aventones, entre extraños seres que nos recuerdan algunas especies urbanas sobre la tierra y nos dejan claro que para vivir en este universo sólo requieres de 2 cosas: la guía del autoestopista galáctico y lo más importante de todo, una toalla.

Con una narrativa y un ritmo asombrosos Adams nos deja su legado en una trilogía en cinco partes, de las que la Guía del Autoestopista Galáctico es la primera. Por si semejante alcance pareciera poco, el autor nos enfrenta a la pregunta máxima sobre la vida, el universo y todo lo demás. La respuesta está contenida en las páginas de la novela y seguramente le dejará con la boca abierta.


viernes, 4 de mayo de 2012

De cómo (no) conocí a Monsivais

El 4 de agosto de 1999 es una fecha memorable para las anécdotas futboleras: esa noche en la cancha del Azteca México ganó la Copa Confederaciones con una gran actuación de Cauhtemoc Blanco y, permítaseme decirlo, un gran baile a la selección brasileña.

Horas antes del juego yo me encontraba en la inauguración de una librería financiada por la divertida empresa para la que entonces trabajaba. Entre una serie de personalidades del ámbito académico y cultural asistentes al evento destacaban dos: Homero Aridjis y Carlos Monsivais. Tras cortar el listón, Monsivais improvisó un discurso sobre el mérito de abrir una librería en una época tan difícil y en un país donde la lectura no es un hábito.

Tras la ceremonia tuve la fortuna de estar en el pequeño grupo que se acercó a Monsivais a brindar. Él, siempre lúcido, hablaba y nosotros escuchábamos. Debe ser difícil no tener interlocutor. Me aparté por un rato y volví con la firme convicción de comenzar una conversación inteligente o de al menos darle motivo para deleitarnos con su elocuencia. Mosivais había desaparecido entre el tumulto y la parlotería. Ya no lo encontré.

Dicen que era homosexual. Dicen que adoraba a los gatos. Dicen que era un genio.

jueves, 3 de mayo de 2012

No vine a decir que sí




DE LA VIEJA GUARDIA
Yo soy la vieja guardia
aunque no viví sus glorias
yo comencé a oír la radio
cuando ya se había hecho historia.

Cuando las bandas de pop
se llevaban ovaciones
de las que aún resuenan a ecos
en las viejas grabaciones.

Y me enterneció el amor
en una noche serena
en mi escondite añorado
que un día fue el autocinema.

Yo conozco mil historias
de la calle y sus rumores
de los pleitos de banquera
con merecidos honores.

Y miré algunos mayores
crecer bajo su leyenda
en las riñas de pandillas
con navajas y cadenas

Y después de aquel arrojo
se convertía en delincuencia
más de un bravo conocido
saboreó las consecuencias
que hace la ley de los puños
y fumar la hierbabuena.

Para saltar la alambrada
para brincar esta cerca
y ese asalto a mano armada
Que jamás valía la pena
a veces creo que mi entorno
fue el que me hizo observador
aprendía del error de otros
y tampoco fui mejor.

Siempre estoy necesitando
un sueño en que sobrevivir
como si fuera el muchacho
que no para de reír.

Cuando volaba a la avenida
bajando en mi bicicleta
como sí en la esquina nunca
me esperara una sorpresa.

Siempre fue cuestión de suerte
y hoy tampoco sé en que acaba
la vida de los que entienden
de contar casos que pasan.

Hoy no vuelo en mi manubrio
hoy mi guitarra me eleva
y me hace ocupar las dos manos
no hago otra cosa con ellas
que aferrarme a esta guitarra
como el fulgor a su estrella
como el soldado al fusil
y en noches como la de hoy
como un borracho a su botella.

Yo soy de la vieja guardia
de la canción de protesta
de los conciertos de pop
con una guitarra vieja.

lunes, 2 de abril de 2012

El algoritmo de semana santa


Seguramente año tras año, ya sea con fines religiosos, comerciales o simplemente para aprovechar el puente, usted se pregunta: ¿en qué días cae la Semana Santa? ¿Por qué la Semana Santa se mueve en el calendario? La razón es un motivo religioso y, más aún, un algoritmo astronómico.

La Historia

La pascua de los judíos fue establecida para conmemorar el paso del Mar Rojo y el del ángel exterminador que, en la misma noche en que salieron de Egipto los hebreos, mató a los primogénitos de los egipcios, respetando sólo las casas de los israelitas señaladas con la sangre del cordero. Entre los cristianos se celebra esta fiesta en memoria de la resurrección de Jesucristo.

El Algoritmo

La pascua de resurrección, fijada por el concilio de Nicea en el año 325, se celebra “el domingo posterior a la luna llena que sigue al primer equinoccio del año”, y cae siempre entre el 21 de marzo y el 26 de abril, pudiendo variar en 36 días su situación en el calendario. Tal es el algoritmo.

De dicho domingo, el jueves y viernes anteriores son los dos días santos. De la fijación de dicha fiesta, dependen también el resto de las fiestas movibles de la iglesia.

El Cálculo

Un algoritmo no es más que una secuencia de pasos lógicos que han de seguirse para la consecución de un fin y la obtención de un resultado. Un ordenador (cualquier pc o calculadora) es capaz de entender y ejecutar un algoritmo y obtener un resultado, siempre que se le explique en un lenguaje que le sea comprensible.

Podemos incluso, con una serie de fórmulas en Excel, calcular la fecha en que caerán el jueves y viernes santos. Teclee el contenido de las celdas del siguiente esquema en una hoja de cálculo y tendrá su “Calculadora de Semana Santa”