lunes, 22 de agosto de 2011

Las musas de Picasso



El alemán Daniel-Henry Kahnweiler, uno de los más extraordinarios conocedores de arte del siglo XX y el marchante más apasionado de Picasso, comentó respecto de la obra del artista lo siguiente: “Sus objetos son sus amados; nunca ha pintado un objeto con el que no mantuviera una relación emocional”. Y un ejemplo claro de la anterior afirmación es la relación de Picasso con las mujeres, la cual siempre fue un elemento importante en su arte. Sus relaciones amorosas quedaron plasmadas en numerosas obras; y el aspecto que presentan está directamente relacionado con las distintas épocas de su obra, dado que constituían su fuente de inspiración.

La primera de ellas fue Fernande Olivier, a quien conoció en 1904 cuando se instaló en París. En aquella mujer encontró una amante y compañera que le aportó serenidad a su vida, compartieron su pequeño estudio del Bateau-Lavoir durante seis años y, por supuesto, ella posaba para él. A la producción del artista durante este período se le conoce como la Época rosa (1905-1906).

Hacia 1911 su relación empezó a enfriarse cuando el artista conoció a Marcelle Humbert, a quien él llamaba Eva; enseguida se enamoró de la dama y al año siguiente se instalaron en una casa en Montparnasse. Sin embargo, la joven murió de tuberculosis en diciembre de 1915. Picasso no hizo ningún retrato de Eva, pero sus obras de la Época cubista incluyen declaraciones de su amor a “Ma Jolie”, como también la llamaba. Un ejemplo de esto es el cuadro del Violín (1912), donde pintó una partitura titulada Jolie Eva.

En 1917, durante su viaje a Italia para la preparación del ballet Parade, conoció a la bailarina rusa Olga Koklova con quien al año siguiente contrajo matrimonio en París, bajo el rito ortodoxo ruso. De ese matrimonio, y ya para 1921, nació su hijo Paul. La esposa introdujo a Picasso en la alta sociedad; no obstante, su insistencia en mantener el estilo de vida de la clase rica parisina chocaba con la tendencia bohemia de Picasso, por lo que ambos vivían en un estado constante de fricción.

En 1927, frente a las galerías La fayette, el artista conoció a Marie-Thérèse Walter de 17 años, la que pronto se convirtió en su amante y en la modelo de sus retratos más sensuales. Ninguna otra mujer inspiró al pintor unos retratos tan íntimos y emotivos, de hecho nunca volvió a representar a nadie de un modo tan sensual y sereno como lo hizo con ella.
A pesar de su apasionada relación con Marie-Thérèse, el pintor no se separó de Olga hasta 1935, cuando nació Maya, la hija de éste y la joven amante que vivió con la vana esperanza de que Picasso podría un día casarse con ella; empero éste no quiso divorciarse de Olga, en razón de que la ley francesa dictaba la división de propiedad, la cual él no quería compartir, por lo que permanecieron casados hasta que ella murió en 1955.

Entre 1937 y 1946 empieza un período de horror dominado por la violencia, el miedo y la muerte, los trabajos de Picasso en aquellos años están claramente influenciados por las catástrofes políticas y personales: la Guerra civil española se reduce con el cruel bombardeo de la ciudad de Guernica, al que el célebre creador responde con el más famoso de todos sus cuadros que pintó en pocas semanas. La joven fotógrafa yugoslava Dora Maar registró con su cámara las diversas fases de esta obra y se convirtió en la modelo habitual y amante del artista.

Marie-Thérèse se puso celosa cuando Picasso comenzó a enamorarse de Dora Maar. En una ocasión las dos se encontraron accidentalmente en el estudio de Picasso y éste les preguntó que por qué no peleaban por él; enseguida las damas comenzaron a pelear mientras éste se divertía con la escena. Como todas las mujeres en su vida, Dora fue cruelmente abusada por el narcisismo del maestro.

Después de la liberación de París en 1944, Picasso comenzó una relación con una joven pintora Francoise Gilot, ella tenía 27 años y el 61. La pareja se estableció en el sur de Francia y fruto de esa relación nació Claude en 1947 y Paloma en 1949. Pese a esto, Francoise dejó al artista a causa de sus constantes desavenencias e infidelidades y regresó a París con sus dos hijos, siendo la única compañera que lo abandonó por decisión propia.

Picasso atravesó un periodo difícil después del abandono de Gilot, por su percepción de ser un viejo, ya en sus 70’s. No hubo más atractivo para las mujeres, sobretodo para las jóvenes, situación reflejada en sus dibujos que representaban personajes enanos, viejos y grotescos.

Pero no pasó mucho tiempo y Picasso encontró a otra amante en la persona de Jacqueline Roque, quien trabajaba en la alfarería Madoura, donde el artista creaba y pintaba cerámica. Se casaron en 1961 y su matrimonio fue además la oportunidad para vengarse de Gilot por su abandono. Esta última buscó afanosamente los medios legales para legitimizar a Claude y Paloma como hijos de Picasso y éste la alentó a divorciarse de su entonces esposo Luc Simon para casarse con el artista y así asegurar los derechos de sus hijos; entonces Picasso se casó secretamente con Roque después de que Gilot había presentado su divorcio.

En 1986 Jacqueline se quitó la vida después de haber administrado el patrimonio del reconocido pintor.
Como se aprecia, la relación profunda y a menudo dependiente de las mujeres con el artista no se puede separar de su arte, ya que su gran egolatría le llevó a crear obras increíbles. En una ocasión Gilot comentó lo siguiente: “Las mujeres que en algún momento compartieron su vida con él tenían que emitir alguna débil señal de placer y de dolor y hacer algún movimiento... para demostrar que todavía les quedaba un hálito de vida, de esa vida que pendía de un hilo y cuyo extremo opuesto él sostenía en la mano”. De cualquier forma estas mujeres se convirtieron en valiosas modelos y fuente de inspiración a quienes Picasso transformó en arte.

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