martes, 7 de abril de 2015

Folklore, no cultura

Dice Pablo Gonzalez Casanova que la verdadera democracia implica que todos los ciudadanos participen de manera equitativa de los ingresos, la cultura y el poder. Si no es así no es democracia, es puro folklore democrático.

Las cifras de pobreza y los privilegios de la clase política dejan claro que los ciudadanos no asisten a la fiesta de los dos primeros pero, ¿qué pasa con la cultura? ¿participan los ciudadanos de ella? ¿existen políticas públicas al respecto? ¿representa la cultura un negocio? En lo sucesivo responderemos a estas interrogantes.

Aparentemente cultura y política son dos esferas que no tienen punto de intersección, que pertenecen a mundos totalmente diferentes. Sin embargo, es deber del Estado promover el acceso a la cultura, garantizar el derecho de los ciudadanos y fomentar la participación activa en ella. Acaso la controversia radica en el cómo debe intervenir el Estado en el ámbito cultural, cuáles son sus deberes, cuáles sus límites, cuáles sus estrategias. Según palabras de Mounir Bouchenaki (responsable del sector cultura de la UNESCO), ante la privatización creciente de la vida científica, social y cultural, se debe proteger y reforzar el carácter de bienes públicos de la educación, la cultura y la ciencia. Es imprescindible en esta mecánica que el Estado respete la expresión y la diversidad cultural. Es deber del Estado impulsar el arte y la cultura, no crear. Siempre la política pública debe buscar estimular, contribuir al florecimiento de las artes, de la creatividad y de la libertad de expresión de cada individuo y de cada cultura.


Y es que más allá del aspecto filosófico del desarrollo humano, los conceptos axiológicos y el factor de cohesión social que representa, la cultura es un motor económico importante: la industria creció más que ninguna, según datos de la UNESCO, de 1980 a 1998 pasando de 47,500 millones a 174,000 millones de dólares, lo que significa un incremento en la participación del PIB de EUA de 3.65% a 7.0%. Mediciones similares para Europa indican un incremento en la participación del producto interno de 4.5% a 5.5% y para los países miembros del MERCOSUR una participación promedio de 3.8% en sus respectivos productos internos. Recientemente en México se desarrolló una metodología similar de medición que indica que la industria representa el 6.67% del PIB y el 5.40% del PNB. De igual manera, según esta métrica, la industria de la cultura empleaba en 1998 al 3.65% de la Población Económicamente Activa, 24 puntos porcentuales más que en 1988.

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